Desde que Luis es presidente de la Comunidad (algo que en su caso es como un voluntariado, porque a pesar de ser un cargo rotativo, por unos motivos o por otros termina recayendo en él), elaboro yo misma alguno de los papelitos informativos para los vecinos, de esos que se pegan en el patio, lo que me permite hacer chorradillas varias (figuras y dibujitos), que además imprimo en color.
Últimamente hemos tenido algunos misterios en la escalera. Un líquido aparecía en el patio, siempre en el mismo lugar y con forma redondeada, lo que dió lugar a que se extendiese la idea de que podía ser mi perra (algo a lo que colaboró una vecina bastante alcahueta que tenemos por abajo). Además de aclarar que no se trataba de un residuo de Argi, elaboré un bonito cartel con dibujito de persona resbalando incluído, pidiendo que el causante de que tal liquidito apareciese en el patio tuviera la sensibilidad de recogerlo o señalizarlo para evitar caídas. Desde entonces no hemos vuelto a ver el charquito....
El otro día llamaron a mi puerta, y al abrir me encontré con uno de los vecinos de enfrente (un brasileño muy chisposo y extrovertido, que viste super moderno -tipo Fama- y tiene un aire al encantador de perros). -"Toma" -me dijo con su acento brasileiro y una sonrisa ,entregándome un rollito de celo transparente- "es que habeis pegado el cartel con cinta negra, y es fea. Esta es más bonita". Sólo acerté a decir "gracias".
Pues sí. La sensibilidad de mejorar la realidad con pequeños detalles.
lunes, 6 de junio de 2011
De nuevo la lluvia

Después de bastante tiempo....llueve de nuevo. Hasta he tenido que recoger la ropa del tendedero. La lluvia es fascinante, porque en cierto modo nos estimula hacia la interiorización y el recogimiento espiritual.
Un día soleado es un elogio a la fuerza de la vida y a la acción, lo que también tiene su áquel... pero la lluvia y la noche son más creativas. Incluso cuando la inspiración parece habernos dejado de lado (como es ahora el caso), el suave tintineo de las gotas en los tejados y olor a tierra mojada te transporta a otros momentos y ensoñaciones.
Con esta pintura de Van Gogh me pasa algo parecido. Siempre pensé que esa noche, construída a base de colores y evitando el negro (como tal vez él hubiera querido hacer con su propia existencia) podía ser enormemente productiva, y me imaginaba a mí misma disfrutando de un humeante café sentada en una de las mesas, bien abrigada, observando a todos los que iban y venían, y escuchando conversaciones ajenas (pequeño vicio más o menos reconocible) en las que de vez en cuando se aprenden algunas grandes lecciones de la vida.
Habrá que visitar Arlès (que no París)...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)